Nuskool: La estrategia de la obra anónima para promover el coleccionismo

Adquirir la obra de uno de los artistas colombianos más consagrados, por menos de un millón de pesos, es algo que pocos coleccionistas dejarían pasar. Pero si la obra es de autoría de un artista emergente que todavía no es muy conocido en el mercado, no todos estarían tan dispuestos. Ello se debe a que el precio de una obra suele estar ligado al reconocimiento que su autor tenga en el medio artístico. Así las cosas, la intención de compra de una obra tiende a obedecer más a la percepción que se tenga de un artista que a los gustos del coleccionista.

Para enfrentar esta realidad del mercado del arte, la Fundación Arteria llevó a cabo el sábado 22 de abril la Fiesta Nuskool 2017. Este evento de recaudación de fondos reunió obras nuevas de más de 150 artistas plásticos colombianos en el museo nacional, para ser ofrecidas a los coleccionistas bajo una estrategia simple y efectiva: mantener la obra anónima hasta después de su compra. Los artistas, quienes también donaron sus obras, se comprometieron a no firmarlas o hacerlo al reverso, para que los asistentes no pudieran identificarlos. Así, quienes asistimos al evento nos enfrentamos a nuestros propios gustos por cuanto debíamos escoger y comprar – si así lo queríamos – aquellas obras que nos encantaran, sin tener en cuenta a su autor.

Las condiciones del evento involucraban una limitación al derecho de paternidad. Este constituye uno de los derechos morales más importantes para los artistas por cuanto les permite “que se reconozca su condición de creador de la obra”.[1] Este derecho tiene además la característica de ser irrenunciable, pero el autor puede optar porque se mantenga el anonimato o acudir a un seudónimo para no ser directamente identificado como autor. Así pues, Nuskool hizo uso de una limitación temporal y consentida al derecho de paternidad para promover el coleccionismo.

Así las cosas, la Fundación Arteria propone que coleccionemos arte por la calidad de la obra y no por el nombre del artista. De ahí que la estrategia de ofrecer las obras sin que los compradores conozcan su autor, busque enfrentarlos con sus gustos personales y no que su decisión de compra dependa de factores externos. El resultado fue un evento muy bien montado que en unos casos permitió a algunas personas llevarse joyas del arte contemporáneo colombiano. En otros casos, los coleccionistas obtuvieron obras de las cuales disfrutarán mucho, así su autor aun no tenga un alto grado de reconocimiento.

[1] LIPSZYC, Derecho de Autor y Derechos Conexos. Op. cit. p. 165