¿Patentar o no patentar? Esa es la cuestión

Es innegable que las patentes son una poderosa herramienta para proteger las creaciones del intelecto dirigidas a la solución de un problema técnico; lo es también que frecuentemente las patentes son utilizadas como un indicador de la producción tecnológica de un país o una región. No obstante, debido a nuevas iniciativas tanto a nivel regional, nacional e internacional, es necesario realizar una profunda reflexión acerca de la real finalidad y sobretodo la utilidad que tiene la obtención de un derecho exclusivo como una patente de invención o de modelo de utilidad.

Se debe partir de la base que, con las mejores intenciones, muchos estados y gobiernos nacionales y regionales están incentivando el uso de las patentes de invención y en general del sistema de propiedad intelectual. Esta noble labor puede ser ensombrecida, sin embargo, por un uso inadecuado del sistema, por desconocimiento o por falta de planeación. Es importante resaltar que, aunque la economía es globalizada, las patentes están afectadas por el principio de territorialidad que implica que será necesario acudir a cada uno de los países en los que se pretenda obtener un derecho exclusivo en un periodo limitado de tiempo, de lo contrario, una vez superado dicho periodo, será imposible lograr la protección de la invención. Para ilustrar esta situación acudamos a un ejemplo:

La empresa X desea proteger su invención, la cual tiene unas aplicaciones muy atractivas en el mercado internacional. Gracias a una subvención del Estado logra acceder a los recursos para iniciar los trámites de protección de dicha invención ante la oficina de propiedad industrial de Colombia. Luego de 12 meses (o 30 si se acude a la figura del PCT) será el momento de entrar en fase nacional, es decir de acudir a la oficina de propiedad intelectual de cada país en que se esté interesado en obtener el derecho exclusivo a la explotación de la invención desarrollada.

De acuerdo con el ejemplo planteado, en el momento de entrar en la fase nacional el empresario o creador tendrá que disponer de unos recursos económicos y humanos importantes para lograr la protección en los mercados seleccionados, de lo contrario su invención entrará al dominio público y podrá ser explotada libremente por cualquier persona del país en donde no se obtuvo la patente.

Para evitar estas situaciones, que no hacen otra cosa que perjudicar una posible internacionalización de la tecnología producida en el país, es necesario, más que destinar recursos para la iniciación de un trámite de protección a nivel local, educar al empresario y/o creador en los riesgos y ventajas que otorga el sistema de propiedad intelectual.

En este sentido, es necesario tener claro en qué momento se debe solicitar una patente y cuándo es más prudente tener la información protegida bajo el régimen de secreto empresarial hasta que la misma esté madura o lista para ser objeto de transacción. De igual manera, es imprescindible revisar el potencial de explotación de la invención en diferentes mercados y sectores con el fin de realizar una planeación estratégica, no solo de recursos económicos, sino de actividades de promoción o marketing para encontrar alianzas con otras empresas, nacionales o extranjeras, que permitan implementar esquemas de licencias o franquicias.

Finalmente, queremos anotar que aunque las iniciativas de otorgar subvenciones y apoyos estatales para iniciar trámites de patentes a nivel nacional son bienvenidas, éstas deben estar precedidas de un estudio, no solo de patentabilidad, sino de conveniencia económica y estratégica respecto de la mejor manera, tiempo y lugar para proteger la tecnología desarrollada.

En conclusión y para responder la pregunta que se plantea en el título de este escrito, la cuestión no es si patentar o no patentar, sino cómo, cuándo y dónde patentar.