Competencia Económica y Consumo
25 de febrero de 2021

De la panela a las alpargatas

La polémica por la patente del endulzante natural recuerda el litigio de hace un siglo por las alpargatas.

La decisión de la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos de conceder una patente para la fabricación de un producto semejante a la panela al ingeniero azucarero colombiano Jorge Enrique González Ulloa, accionista de Riopaila-Castilla y nieto del fundador del ingenio Riopaila, ha revivido una polémica que tiene alborotado al sector panelero del país desde hace varios años.

De acuerdo con un artículo publicado el 26 de enero pasado por The New York Times bajo las firmas de la periodista estadounidense Jennie Erin Smith y el fotógrafo documental colombiano Federico Ríos Escobar, González Ulloa obtuvo la patente estadounidense No. 10.632.167, que describe el método para fabricar panela, aunque no la menciona por su nombre sino como un producto llamado ‘policane’, que reivindica como su invención. El proceso de producción y las características de la supuesta invención son semejantes a los del tradicional producto artesanal tan arraigado en Colombia.

Según los autores del artículo, para reivindicar el ‘policane’ como su invención González Ulloa afirmó que su proceso de producción tiene varias diferencias con el de la panela. La primera, que la caña es cortada a mano sin quitarle la corteza. La segunda, que el jugo de caña se calienta a un máximo de 90 grados Celsius, mientras que para producir la panela se requiere una temperatura de 120 grados o más. La tercera, que la glucosa y la fructosa en el jugo de la caña son cristalizadas, algo que no se hace al producir la panela. Y la cuarta, que el resultado es una miel estable para el consumo, mientras que el proceso tradicional genera un bloque duro, es decir, lo que cualquier colombiano identifica como la panela.

Reacción de los paneleros

Desde cuando se supo que el ingeniero González Ulloa estaba buscando patentar su producto como algo original, los paneleros reaccionaron contra su pretensión y obtuvieron el apoyo del Ministerio de Agricultura. No obstante, González persistió en su propósito y no solo obtuvo la patente estadounidense y la tramitó también en otros países, sino que hizo la solicitud ante la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) para obtenerla en Colombia. La solicitud fue presentada en abril del año pasado, cuando comenzó a correr un período de 18 meses durante los cuales los interesados en el tema podrán presentar sus argumentos ante la SIC.

Lo que más preocupa a los paneleros es que si la autoridad colombiana le concede la patente a González, este sería en el único autorizado para utilizar, fabricar o comercializar el producto, lo cual pondría en riesgo el derecho que han ejercido por generaciones. La Federación Nacional de Productores de Panela (Fedepanela), la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia) y numerosos productores paneleros unieron esfuerzos para oponerse a la pretensión de González Ulloa.

En Estados Unidos la noticia también suscitó reacciones contra la Oficina de Patentes por no haber tomado en consideración los antecedentes de la panela como un producto popular tradicional que no puede ser patentado, del cual viven hoy más de 350.000 familias campesinas. El abogado y profesor estadounidense Paul Wagner, citado en el artículo, dijo que la concesión de la patente “habla de uno de los puntos débiles de las prácticas de examen de patentes.” Según él, “los examinadores son buenos para encontrar referencias a tecnologías existentes cuando se publican en Estados Unidos, pero no tanto en países extranjeros, en particular cuando el idioma es diferente.” Parece increíble, pero esto explicaría que la Oficina de Patentes estadounidense haya ignorado el bien documentado y antiguo proceso industrial colombiano para fabricar la panela.

Las alpargatas

La discusión sobre la panela sirve para traer a cuento un caso semejante ocurrido en Colombia a finales del siglo XIX con relación a las alpargatas. En una exposición en la Academia Colombiana de Jurisprudencia con motivo de su elección como miembro de la misma, el abogado Ernesto Rengifo García, director del Departamento de Propiedad Intelectual de la Universidad Externado de Colombia, recordó recientemente aquel litigio, que se suscitó cuando el ciudadano Antonio Izquierdo solicitó en febrero de 1890 la patente exclusiva de las alpargatas, con el argumento de que les había introducido una mejora al sustituir la suela de fique por suela de cuero. La patente fue concedida por decreto con las firmas del presidente Carlos Holguín y su ministro de Fomento, Leonardo Canal, y se publicó el 21 de abril siguiente en el Diario Oficial.

La semejanza con el caso de la panela otorga actualidad y pertinencia a dos cuestionamientos formulados por el abogado Rengifo respecto a la concesión de aquella patente: “el de si caben las patentes sobre un producto esencial para la sociedad como lo serían las alpargatas, que al decir de la historia de la sanidad en Colombia se inventaron para combatir la cantidad de enfermedades que se adquirían por andar la gente descalza; y si una mejora sobre un producto ya conocido era materia patentable, una cuestión que suscita apasionadas discusiones hoy en día”.

Consultado sobre la pertinencia de estos cuestionamientos respecto a la patente del producto parecido a la panela, el abogado Rengifo dijo que son aplicables en este caso porque el tradicional endulzante colombiano es desde hace mucho tiempo un elemento esencial para la sociedad y en especial para los sectores populares de la población. También indicó que la patente es inviable porque los segundos usos no son patentables.

Trátese de panela o de alpargatas, la larga tradición de uso popular de un producto como razón para que no sea patentable no solo ha sido esgrimida en Colombia. Hace dos años se ventiló en España una discusión parecida cuando un fabricante de Barcelona pretendió patentar las típicas alpargatas que se usan en la isla de Ibiza. El Consejo Insular de Ibiza, que determina las competencias en materia de artesanía y manufactura tradicional en la isla, impidió que se otorgara la patente por considerar que el solicitante ni inventó ni creó un nuevo modelo, sino que copió un producto que desde hace cientos de años es de uso corriente en Ibiza y Formentera (isla vecina de Ibiza). Esto y mucho más puede decirse de la panela.

Endulzante milagroso

Aunque en muchos países, especialmente de América Latina, se usa azúcar sin refinar, la panela es un producto típica y exclusivamente colombiano.  La historia de este endulzante natural en el país tiene más de 500 años, pues se remonta a los tiempos de la Conquista. El característico bloque duro y plano que resulta de la extracción del jugo de caña de azúcar  en un trapiche y su solidificación es tan familiar para los colombianos como la arepa, el alimento a base de maíz de origen precolombino.

Se puede afirmar que no hay colombiano que no haya tomado agua de panela, esa especie de bebida milagrosa que sirve para aliviar los resfriados y cuyo consumo ha aumentado en estos tiempos de pandemia. Mezclada con leche ha sido el alimento de millones de bebés y es el ingrediente principal del ‘melao’, dulce típico que acompaña a la cuajada. La panela también es utilizada para endulzar refrescos, jugos, café o infusiones y para fabricar ponqués, bizcochos, mermeladas y galletas.